Hay historias, las más, que empiezan mal, viven con dificultades y acaban con un final bonito. Hay otras que acaban mal antes de empezar, otras que nunca acaban, incluso las hay, dicen, que empiezan y terminan de buenas maneras...
Yo no sé como termina esta nuestra historia, la historia de los Zozovra, porque, créanme, creo que no ha acabado. Sí, dejamos de tocar, pero esta historia no ha acabado. Es algo que noto, que siento, son pequeños detalles... Que cada vez que Pedro cuente que ha hablado o ha estado con Txuky se le iluminen los ojos con un brillo especial, o que no quiera contarme que han metido letra a una de sus canciones la última vez que se vieron para que no me vuelva a emocionar y me haga líos, o que siempre que nos vemos salga un comentario sobre todo esto, o que se me ponga la piel de gallina al leer la letra de Gitana y recordar cómo la cantaban ellos dos en las fiestas de Colme de aquel año (sí, el estreno mundial de la banda en todo Colmenarejo en directo...), o que Txuky sienta lo que siente y me lo cuente, y me abra su pecho cual salón...
Cada uno sabemos lo que hicimos mal. Somos mayores, a pesar de nuestras madres, y lo sabemos, así que sobre eso no hace falta hablar. Lo importante es lo que funcionó, lo que hicimos bien. Hay pocos tíos tan buena gente como Rafa, tan buen compañero, tan leal y sincero... Músicos con el duende que tiene Pedro también hay muy poquitos, es algo que se nota, él puede hacer el mismo acorde que el guitarrista de al lado, pero el de Pedro suena más limpio, más suave, más entrañable... Poetas como el Bandolero también hay muy poquitos, muy poquitos que ecuentren siempre la palabra escondida que mejor resume la contradicción de un corazón... Pero lo mejor, amigos, es que pienso, que si bien uno por uno como ellos hay poquitos, cuando están juntos...
Juntos no hay nada ni nadie como ellos. Y ésa es quizá la segunda premisa necesaria para que un grupo funcione: que juntos mejoren lo que son capaces de hacer individualmente. La primera premisa, por supuesto, es que disfruten haciendo lo que hacen... Y aquello también pasaba, hubo días que en un almacén lleno de mierda de 10 metros cuadrados nos comimos el mundo entero...allí, por un momento, hubo sitio para todos, y no faltaba hueco ni sillón para los amigos de todos, para nuestro pasado, para nuestras novias, nuestras caídas de la bici de pequeños, nuestras frustraciones, nuestros sueños, nuestras borracheras más insufribles, nuestras buenas caras de la foto de comunión, las miles de horas que soñamos con algo parecido y las miles de horas que pensábamos en ellas... Todo, cabía todo allí, todo lo que cada uno llevábamos a cuestas tras varios años pululando por el tiempo, todo lo que nos hizo llegar hasta esos momentos, todo cabía en aquel sucio almacén entre chillidos de micrófono, roturas de cuerdas, acordes desafinados y botellas sin fondo.
Ahora, meses después unos nos vamos, sin saber si vendremos, o si cuando vengamos los otros estarán, o si vendremos con ganas de volver realmente o ellos no querrán saber nada... Es lo que tiene la vida, que sigue... Pero, a pesar de que lo veo imposible por razones de distancia sobre todo ahora, emocionales, laborables o por simple incompatibilidad de tiempo, fondo y formas, sé que esta historia no ha acabado...
Aunque, pensándolo bien, quizá ya haya acabado de la mejor manera posible:
Yo, hoy, tengo tres amigos.
Dani.



